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latin
rabia

personajes: 

Jairo, un joven punkero que ha visto morir amigos, no se acostumbra al rechazo y empezó a leer a Eduardo Galeano. 

Eva, un ángel caído, en un cuerpo femenino de apariencia idealizada. Su vestuario debe ser saturado y muy colorido, (Kitsch) muy feliz de poder comprar souvenirs y usarlos como accesorios en su ropa. 

Un actuante que prestará su cuerpo para guiar la trayectoria de la bala y a la vez servir como escenografía viviente. 

El Teniente. 

La que debe ser la primera escena: 

Una sombra dispara un arma y quien guía la trayectoria de la bala es un actuante. El trayecto del proyectil debe ser constante, pero su avanzar imperceptible, y, sin detenerse debe tocar el cuerpo de Jairo solo hasta el final de la obra. El actuante que se hace cargo del proyectil tiene que moverse muy lentamente, dosificar su energía. Llegará con el proyectil al blanco, pero solo hasta el final de la obra. También, durante el transcurso de la obra y de ser necesario, prestará su cuerpo como escenografía viviente. 

¿Por qué hay tantas vírgenes? 

Jairo: Mi nombre es Jairo, pero en el barrio me dicen Punki, de punkero. Me gustaría tocar algún día la batería, tener mi propia banda de punk. Y creo que también me gustaría casarme y tener hijos. 

Eva se le acerca. Se le queda mirando. Eva se toca el cuello y se le acerca aún más.

Jairo: Mira a los lados, pasa saliva. ¿La conozco? 

Eva: Vi cómo se robaba una botella del supermercado. 

Jairo: ¿Qué? 

Eva: ... 

Jairo: Está confundida. Debió haber sido otro cresto. 

Eva: ¿No fue usted? 

Jairo: No. 

Eva: Ah ¿no? 

Jairo: No. 

Eva: Que triste. (Se va). 

Jairo: (A la audiencia.) No estoy diciendo que Eva sea la respuesta. Pero esa mujer tenía algo. (Empieza a seguirla, Eva se da cuenta, se detiene y lo confronta con la mirada).

Jairo: Está haciendo como hambre... no quiere ir a comer algo. 

Eva: Bueno. 

Jairo: ¿De verdad? ¿así? 

Eva: Sí, la vida es corta. ¿Qué, lo intimido? 

Jairo: Pff ¡no que va! 

Eva: Entonces vamos, ¿a dónde me va a llevar? 

Jairo: No pues acá en el barrio. 

Eva: Listo, pero abra la botella. 

Jairo: Pero no aquí. 

Mientras caminan pasan por el frente de una tienda con rejas, desde afuera Jairo pide unos cigarrillos.

 

Jairo: Veci regalame un Lucky por favor... del azul sí. 

Eva: ¿Regalame? 

Jairo: Es un decir... De dónde es usted, con esa pinta parece... 

Eva: Digamos que de lejos. 

Jairo: Sí, tiene un acento raro, pero ¿de dónde? 

Eva: De le-jos. 

Jairo: Enciende el cigarrillo, la observa. ¿Quiere algo? 

Eva: Sí, un brócoli. 

Jairo: ¿Qué? 

Eva: Un brócoli. Brécol, bróquil... brocoli... 

Jairo: Sí, un brócoli. ¿Enserio quiere uno? 

Mientras caminan Eva lleva su racimo de brócoli en la mano, se lo va comiendo. Pasan por delante de una virgen, se trata del actuante que va conduciendo la bala, en algún momento se ha colocado un manto y ha tomado la postura celestial de una virgen de barrio.

Eva: ¿Por qué hay tantas vírgenes acá? 

Jairo: Ah por fe. 

Eva: ¿Fe? 

Jairo: Si, a todo lo que uno va a hacer siempre se le pone fe. Si es pa lo bueno, si es pa lo malo. Acá todo el que pasa por aquí viene y hace esto, y se va tranquilo pal trabajo. Y ya cuando se devuelve viene y hace lo mismo. Agradeciendo que uno llegó bien al barrio.

Eva: ¿Usted también hace eso? 

Jairo: Cómo así, qué es esa pregunta. Acá todos lo hacemos, es un ritual ¿si me entiende? de protección. 

Eva: Entiendo, Señalando la estatua ¿y eso de ahí, es el hueco de una bala?

Jairo: Ah sí, ahí donde la ve esa virgen tiene más remiendos. Uy, ¡venga! (Jairo empieza a caminar como si tuviera alguna deformidad). 

Eva: ¿Qué hace? 

Jairo: Los del ejército, esos hijueputas viven enamorados de mí. Pero usted sígame la corriente, ¡pero no de visaje no se ría! que donde nos paren se nos daña el rato. 

Jairo: (A la audiencia.) Uno por como anda vestido ya tiene el molde. (Se coloca en posición de requisa.) Esos hijueputas viven enamorados de uno. ¡Cédula, libreta! No tengo. Vea pues marihuanero que acá si lo vamos a enderezar. Varias veces me subieron a un camión y mi mamá tuvo que irme a sacar de allá. Hasta que una vez un parcerito me contó que se hizo el discapacitado y les pasó por el lado. No le dijeron nada. Pero hay que actuarlo bien, si me entiende, hay que sacar la faceta de artista. 

Jairo: A varios parceritos sí les tocó que se los llevaran, los echaban en un camión y paila, su trasquilada y su uniforme. Nunca más los volví a ver. 

Eva: ¿Y tú no quieres ir al servicio militar? Son solo unos meses, te dan bonos y dinero, y luego sales con tu libreta de primera, más fácil conseguir un trabajo. Tal vez con un mejor trabajo podrías luego tener una familia. Tienes cara de que serías muy buen papá.

Jairo: ¡Ja! No, eso no es pa mí. 

Eva: Buenas tardes mi Capitán. 

Jairo: Vean a esta por qué los saluda. 

Eva: ¿Por qué no? 

Jairo: ¡Porque no! Va a hacer que me cojan. 

Eva: No es para tanto. ¡Soldado Gutiérrez! 

Jairo: ¡Qué hace! Vea se vinieron para acá. 

Soldado: ¡Cédula, libreta! 

Eva: Te están pidiendo la libreta. 

Soldado: ¡Cédula, libreta! (Jairo intenta tomarla de la mano, ella se suelta, Jairo la mira, se da la vuelta y continúa cojeando, pero más rápido). 

Soldado: Oiga joven lo estoy llamando. ¡Oiga no corra que es peor! 

¿Qué es el ego? 

 

Un callejón estrecho, Eva está apoyada sobre una de las paredes, escribe algo en teléfono, se muestra el mensaje de texto que recibe. 

Mensaje de Texto: Recuerda que tratamos de evitar cualquier choque emocional. No comprometas tus bonos. 

Eva: (Para sí misma.) Como si estuviera entregando mercancía. (Jairo llega corriendo, jadeando, se apoya en una de las paredes, mira que nadie lo haya seguido). 

Eva: ¡Bu! 

Jairo: Saca una navaja. Yo a usted la dejé... cómo... cómo es que... ¡quién es usted!

Eva: No vayas a salir corriendo otra vez, no me acostumbro a sudar. 

Jairo: ¿Quién es usted, la mandaron a matarme cierto? Fue el Dundis. 

Eva: El Dundis está muerto.  

Jairo: ¡Pura mierda! 

Eva: Ya no tienes que pagarle. Ya no le debes nada. 

Jairo: Y usted cómo sabe eso. 

Eva: ¿No te das cuenta? Tontito. 

Jairo: ... 

Eva: ¿Qué es el ego? 

Jairo: ... 

Eva: Te estoy haciendo una pregunta. Si me respondes hay premio. 

Jairo: Déjeme en paz. 

Eva: Dime, qué crees que es el ego. 

Jairo: No sé. No sé qué quiere, no sé nada, déjeme ir. 

Eva: Realmente no existe en ninguna parte. O dime, dónde lo tienes. 

Jairo: Aléjese de mí. 

Eva: Shhh...  (Le toma la mano a Jairo y le hace colocar la punta del cuchillo en el pecho de Eva.) ¿Crees que aquí, debajo de esta piel, de estas tetas, de estos huesos, debajo de las tripas, dentro de esta persona hay algo como el ego? 

Jairo: ¿Qué quiere? 

Eva: ¿Alguna vez alguien te ha dicho que te desconoce? ¿Ingrid por ejemplo?

Jairo: Y usted cómo sabe de ella. 

Eva: Es amiga mía. 

Jairo: Ese no era yo... 

Eva: ¡Bingo! No eras tú. Tú solo estabas reaccionando. 

Jairo: ¿Ingrid la mandó a matarme? 

Eva: ¿Por qué crees que todos quieren matarte, en que has estado metido? Ven. Repite después de mí.

Jairo: Vea, no quiero problemas... 

Eva: Solo reaccionaste, recuerda la culpa que te invadía. No eres lo que crees ser, nadie lo es. (Sonido de notificación, es el teléfono de Eva. Eva lee el mensaje, vuelve a guardar su teléfono).

Eva: Ahora no vas a entenderlo, no hasta que vayamos a tu casa. (Se le acerca, le acaricia la cabeza.) No puedes siquiera disimularlo, vamos, echamos toda esta tensión por la borda y nos enfocamos en lo que realmente importa, ¿te parece? 

Jairo: ¿Nadie la mandó a matarme? 

Eva: Nop. Más bien me mandaron a salvarte. 

El pajarito de las anticipaciones 

 

Jairo: Mi papá se había casado en un segundo matrimonio, porque enviudó cuando todavía era muy joven. Se casó con mi mamá, en Chaparral y se la llevó para La Oneida, una finca que quedaba en el páramo. Allí crecimos con mi hermano. Éramos felices. 

Recuerdo que un día, empezó a sonar un canto muy peculiar, no era lo que usualmente se escuchaba en las mañanas de sol en la finca. Ese pajarito no es de estas tierras, dijo mi mamá, ¡ese es un tres pies! Y ahí estaba, parado sobre las cuerdas de estender la ropa. La gente le tiene el mal agüero de que anuncia desgracias. Iba y volvía, se metía entre el monte y volvía a pararse encima de las cuerdas de la ropa. Mi mamá comenzó a preocuparse. Sufría mucho. Mija es un pájaro, le decía mi papá, no le pare bolas a eso. Hasta que con mi hermano, que es un poco mayorcito que yo, dijimos un día, ¡vamos a matar ese pájaro! Yo tenía unos 8 años cuando eso, y salimos una mañana temprano con la escopeta, pero no lo encontramos. Creímos que ya todo había pasado, pero una mañana en la que mi papá se iba de viaje para trabajar en una finca que quedaba a unas 4 horas de camino, el pajarito volvió, esta vez a cantar con más y más fuerza. Se paraba en las cuerdas de la ropa y a cantar a todo lo que da. Salimos con la escopeta, ahí estaba, jodiendo y cantando y parando esa cresta. Ahí cayó. Fuimos y le dijimos a mamá, mire, mire no es un espíritu, es un pájaro. ¡Ay! Eché ese animal al río... Todas las desgracias que mi mamá temía sucedieron de ahí en adelante. Comenzó un tiempo de mucha zozobra. 

 

Cuando volvimos a entrar, olía a muerto, a cadáver, a sangre, ¡una cosa espantosa! Llegamos y nuestra casa estaba abierta, partida, el televisor partido… Ahí comenzó mi mamá a buscar las prendas, la plata y pues nada… se lo llevaron todo. Esa sensación de entrar a esa casa toda revolcada fue terrible, mi mamá llorando y nosotros también, todo lo que uno construyó, desbaratado. Se comieron las gallinas, los pavos, la ropa estaba tirada en el piso. Los colchones estaban puyados, las puertas partidas, el techo tenía tiros, tenía de todo. Lo agujerearon todo. No sé qué buscarían. Después llegaron los vecinos, que a ellos también les partieron todo, que no les dejaron nada… y después de ahí con la familia mirar que hacer para irse… después cogimos un camión y metimos lo poquito que dejaron de mi casa y de la de mi tía... el camión iba vacío porque no quedó casi nada. Lo único que conservo de mi papá es este crucifijo. Nos fuimos para la ciudad. 

Manos que salen de un bus

 

Jairo: Un bus, un bus lleno de cristianos, de esos que sin saber leer se creyeron el cuento de que los comunistas lo querían todo gratis. Así les dijeron, y que había que limpiar la sociedad, así les dijeron y se lo creyeron. "A todo aquel que quiera seguir con sus ideales castrochavistas ya le llegó la hora, a todos esos ladrones, marihuanesros, (Así debe decirse.) mechudos y satánicos que están atentando contra la moral de la comunidad de La Loma y sus alrededores: tienen una semana para desalojar, los tenemos identificados. Si usted encuentra esta hoja, sáquele varias copias y repártalas entre sus amigos de bien, vecinos sanos, o un familiar suyo que no vaya a caer en esta limpieza, la organización no puede entregar esta hoja en cada una de las casas, por eso pedimos su colaboración". 

Una semana después estaba en la casa de una parcerita, estábamos piloteándola, pero sus papas estaban que llegaban y me tocó salir a la calle. Me puse a buscar maldad, como le decíamos con los parceros. Ese día estaba luquiado porque acababa de trabajar en la carpintería de mi tío. Pero me di cuenta de que no había ningún parcerito por ahí. Ahí ya no me dio tanta risa. "Oiga y dónde está la gente". "No pues esto está como muy solo", me dice un parcero que me encontré, "yo mejor me voy para la casa". Y en eso cuando empezamos a subir, de un bus nos echan mano, manos, garras, fierros... no sé cuántos. Nos tiraron al suelo, estaban encapuchados. Nos preguntan quiénes somos. Nosotros somos de acá, somos fulanito, zutanito. El parcero tenía el pelo más largo que yo, y estos manes se encarnizan con él. Se lo llevan para el fondo del bus, allá lo sientan y empiezan a darle bolillo. A mí me tiran hacia la mitad del bus, volteo a ver por la ventana, había gente, pero a nadie a quien pedirle auxilio. Empiezan a interrogarme sobre qué era lo que hacíamos en la casa de la cultura, que por qué nos vestíamos así, que si éramos del anarquismo. Me empelotaron, yo no tenía tatuajes, pero mi parcero sí. Ahí más duro le dieron. Que si nos gustaba la metálica o que porqué nos vestíamos así, que si éramos de una secta, que si metíamos droga y que dónde la comprábamos. Que si nos gusta la metálica, que ignorancia. Que si somos del anarquismo, que antisocial, que si somos de la guerrilla... ¡Cuál es la rabia! Le pregunté, se quedaron quietos. "Primero dios", me dijo. Que qué significaban nuestras camisetas, son bandas de punk, música, les dije. "Música del diablo, solo malas energías, eso no es de dios". ¿Y cascarnos sí? lo pensó. Nos metieron pata hasta que se cansaron. Ellos lo que querían era información y no encontraron nada, pero hubo una pregunta clave. Nos preguntan: ¿Ustedes en qué colegio estudian? No, nosotros ya nos graduamos. ¿Y qué van a hacer? No, pues hay que estudiar. ¿Y para dónde van a estudiar? Nos vamos a presentar en la Universidad de Antioquia y a la Nacho. Ah. En las universidades de la guerrilla. Sacaron una navaja, yo ya no tenía miedo, me rompieron la camiseta, me la volvieron nada, y se quedaron con mis botas. Me vestí como pude, nos sacaron del bus, cascados y yo sin mis gafas. La cara de mi parcero estaba toda ensangrentada, le habían rapado la cabeza, lo dejaron todo cascado a mi parcero. Nos pusimos a llorar. Me acuerdo que me pasó el brazo por encima del hombro, no podía caminar bien. Una 

señora asustada se nos acercó, también empezó a hablar de dios. Quería ayudarnos pero estaba tan escandalizada que preferimos decirle que nos dejara en paz. Mi parcero se fue para su casa y yo para la mía. 

"Guerrillo, izquierdoso, comunista, satánico, metálicos"... ¿si pilla la ignorancia? "Marihuanesro, gay, desviado, trasvesti"... (Así debe decirse.) ¿no le digo? "Putas, cacorros, drogos, desechables: Objetivo Militar". ¿Cuántos se necesitan para romperle las costillas a uno a punta de pata? ¿De cuántos se puede defender uno al mismo tiempo? Si lleva un fierro, de ninguno. Pero la cuestión no es de valentía, la cuestión es de terror, de ver quién infunde más terror. 

El colegio 

 

El rector de un colegio: A ver, todos hagan una fila de hombres y una fila de mujeres, rápido. Usted, ¿es hombre o mujer? no creo. A ver usted, muévase. Usted, la falda a la altura de la rodilla. Silencio por favor, es momento de comenzar... A ver... Manos arri...? (La audiencia responde: ba.) Manos al fren...? (La audiencia responde: te.) Boca cerra...? (La audiencia responde: da.) Muy bien, de ahora en adelante ustedes ya no serán tratados como niños, ustedes ahora son hombres y mujeres con la capacidad de marcar la diferencia. Pero necesitamos disciplina, la disciplina es lo más importante. De ahora en adelante todos los días antes de entrar a clase se realizará una inspección de higiene y presentación personal. Varones, pelo siempre limpio y corto, que no sobrepase el cuello de la camisa. No se aceptan cortes de pelo de fantasía ni extravagantes. Señoritas, pelo siempre recogido con trenzas, sin peinados de fantasía o insinuantes. Prohibido el maquillaje, aros largos, uñas pintadas, además no está permitido el pelo teñido. Queda prohibido el uso de adornos, pulseras, collares, prendedores, anillos, etcétera. O exhibir insignias o emblemas que no sean la insignia patria. Los alumnos que no cumplan con la presentación personal adecuada, se debe informar al apoderado, para que éste lo retire y lo lleve a su domicilio para restaurar su presentación personal como es debido. Y luego debe reincorporarlo al colegio a su jornada normal. 

Querido niño dios

 

Jairo: Cuando tenía 6 años. ¿Diosito? Sé que siempre estoy hablando contigo antes de irme a dormir, pero hoy quiero pedirte algo muy importante, ¿sabes? A veces, mi mami está un poco triste porque las cosas no van muy bien con el trabajo. Yo sé que se esfuerza mucho pero parece que no vende lo que hace. Así que por favor, ayúdala a vender mucho, ¿vale? Así va a estar más contenta y menos preocupada. Y ya si mi mami me pega por las travesuras que hago, no lloro, ¡tengo que ser fuerte, Diosito! Solo que a veces duele un poco, ¿puedes hacer que ella no se ponga tan brava? Y cuídala mucho, porque aunque me pegue yo la quiero mucho. También, te pido que si ves que va a llover y mi mami no lleva sombrilla, por favor para la lluvia. Siempre se moja y se resfría, y yo no quiero que se enferme. Sé que las plantas necesitan la lluvia, pero y ¿si haces que llueva solo de noche, cuando estamos todos dormidos? 

Gracias por escucharme siempre Diosito. Te quiero mucho. Buenas noches y que tengas un bonito día mañana. 

¡Amén! 

 

Eva y Jairo entre las sábanas

La botella vacía en el suelo. Sonido de notificación, Eva saca el teléfono del bolsillo de su pantalón, es un mensaje de texto. 

Mensaje de Texto: Empatizar va en contra de las reglas y prolongan innecesariamente el procedimiento. 

Eva: ¡Hey, Jairo! 

Jairo: hmmmmm 

Eva: Hay unos tiburones mordisqueando el casco. 

Jairo: ¿hmm? 

Eva: ¡Traiga un arpón, hay que matarlos a todos! (Eva salta sobre la cama, encima de Jairo.) 

Eva: ¡Jairo! 

Jairo: No es un barco es una cama. 

Eva: ¡Se acercan Jairo, hay tiburones por todos lados y empiezan a subirse a la cubierta!

Jairo: (La abraza.) Ven, vamos a quedarnos 15 minuticos más así. 

Eva: No puedo. Tiene que hacer cosas. 

Jairo: No tengo que hacer nada. 

Eva: Tiene que alistarse. 

Jairo: ¿Para qué? 

Eva: Vienen los del ejército a reclutarlo. 

Jairo: Nos hacemos los mongólicos, dices que nací así y que tú eres la que me cuida.

Eva: No Jairo, es enserio, y por favor no me hable de tú. 

Jairo: Después de lo de anoche... 

Eva: No se equivoque Jairo. Yo no lo escogí. 

Jairo: Ay va a empezar otra vez... Venga recuéstese. 

Eva: No puedo, no debo. 

Jairo: ¿Y ahora qué pasó? 

Eva: No puedo revelárselo todo de una vez. Pero es mejor si confía, si confía y me hace caso. pero tiene que entender que no todo se reduce a elecciones individuales. 

Jairo: No, no le encuentro la lógica a nada. Llega... 

Eva: ¡Vístase! 

Jairo: ¿Si pilla? a eso me refiero, entra, así como si nada... 

Eva: Y me iré. 

Jairo: Usted es muy rara. 

Eva: Tus decisiones ya han sido forjadas mucho antes de que las hayas concedido. Pero tu humana libertad está en realizarlas o dejarlas pasar. 

Jairo: No que no la tutee, además parece una puta monja hablando. 

Eva: Es mejor que se vaya vistiendo. Solo faltan dos minutos. 

Jairo: ¡Pero para qué! 

Eva: (Le agarra la cara.) Tiene que prometerme que va a confiar en mí, pase lo que pase.

Jairo: Lo primero que uno aprende es a no confiar en nadie. 

Eva: No puedo revelarlo todo, Jairo. Esto no es una elección personal. Hay... fuerzas más grandes en juego. 

Jairo: ¿Qué putas está diciendo? 

Eva: Confíe. Entre más rápido empiece a confiar más rápido empezará a entender.

Jairo: ¿Entender qué? 

Eva: Es todo lo que ahora puedo decir, Jairo. La comprensión llega a su propio ritmo, pero siempre que esté dispuesto a encontrarla. Estaré aquí cuando vuelva para que hagamos esto juntos. 

Jairo: ... 

Eva: Es mejor que se vista. 

Jairo: No me voy a vestir, si algo va a pasar que me coja acá empeloto. Que se venga lo que se venga. 

Eva: (Que termina de colocarse la ropa.) Pase lo que pase yo seré su respuesta. Pero tiene que confiar. Aunque vea a la mismísima muerte tiene que confiar en mí. 

Jairo: Vieja loca. 

Eva: ¡Vístase! 

Golpean a la puerta. Jairo se asoma con cautela a la ventana. 

Jairo: ¡Son los milicos! 

Eva: Se lo dije, que vendrían los del ejército. 

Jairo: ¿Quién hijueputas es usted Eva? 

Jairo: (A la audiencia.) A ella apenas si le dijeron algo, es como si ya la conocieran. Me tiraron al suelo. Me esculcaron todos los cajones, buscaron dentro de la ropa, debajo del colchón, mi cédula se la guardaron en el bolsillo. "Jairo Francisco Velásquez". Yo no he hecho nada, les dije. "¿No que muy hombre?" me dijo uno de ellos mientras los demás seguían buscando entre mis cosas. "Muy gracioso haciéndose el lisiado. A ver, por qué llora, venimos a enderezarlo". Soy objetor de conciencia, les dije. Me levantaron, uno de ellos se me hizo conocido. Se me rio en la cara y mandó a otro para que me subieran al camión. "¡No le peguen!" Les dice Eva. Y entonces me soltaron. Yo por allá no voy les dije. Forcejearon conmigo hasta que llegaron dos soldados más y uno de ellos me tapó la boca para que no gritara, el otro me pegó un rodillazo en la espalda. Eva agarró mi pantalón y empezó a ponérmelo. Mientras me tenían agarrado 4 hijueputas milicos. Luego la camiseta, yo la miraba con rabia, luego las botas, sin medias. "Quién lo manda a nacer hombre, me dijo uno de ellos. Me subieron al camión, la gente miraba, pero eso por allá era muy normal. No era la primera vez que los del ejército se llevaban a un pelao a la fuerza. "Deje de forcejear Punki, no se haga pegar más, yo voy a orar por usted". Decía Doña Marta. 

Esa noche aguantamos frío. Nos acostamos en el piso sobre unos cartones. Al otro día nos empelotaron y empezaron a examinarnos. Revisaron que no tuviéramos lesiones en la vista, y hasta nos hicieron agachar y con una linterna nos revisaron que no tuviéramos nada raro en el culo. Mi cucha fue a buscarme, le conté que me habían cascado y un teniente se paró entre los dos y le dijo que me esperara afuera, pasó el tiempo y a pesar de que mi cucha esperó todo el día no me dejaron despedirme de ella. Al otro día nos montaron en varias camionetas. Nos dijeron que si nos paraba la guerrilla dijéramos que íbamos de paseo. En la madrugada llegamos a un batallón. Al día siguiente nos raparon a todos y nos hicieron vestir con uniformes que ya habían sido utilizados por otros soldados. Luego nos pusieron a ver unos videos: soldados mutilados con minas antipersona, centinelas que se quedaban dormidos y amanecían degollados, militares baleados. Para que supiéramos lo que le pasaba a un soldado cuando no seguía las instrucciones de su superior. 

Burro bomba

 

Entra Eva, le coloca unas orejas de burro a Jairo. 

Eva: El sonido característico que hacen los burros se llama rebuzno. Es un sonido fuerte y distintivo que forma parte de la comunicación de estos animales. 

Jairo: No voy a relinchar, no hace falta la demostración, ya entendieron. 

Eva: Rebuznar. 

Jairo: Lo que sea, no voy a hacerlo. 

Eva: Se queda mirándolo. 

Jairo: ¡Que no! 

Eva: Se le acerca, le toma de la barbilla, le habla muy cerquita. Es que si no, no podemos avanzar chiquito. Un poquito y ya. 

Jairo: (Comienza a rebuznar.) Soy mejor que esto. 

Eva: Jairo... 

Jairo: Soy un burro bomba. 

Eva: (A la audiencia.) ¿Han escuchado la historia del caballo de troya? 

Jairo: ¿Es sobre un caballo? 

Eva: Los griegos y los troyanos no se llevaban bien y siempre estaban peleando. Un día, los griegos tuvieron una idea... Dijeron: Vamos a construir un enorme caballo de madera, Lo dejaremos afuera de las puertas de Troya y haremos como que nos vamos, como si fuera un gesto de paz, un acto de rendición. Los troyanos, al ver este enorme caballo, piensan que los griegos se han rendido y que les han regalado un burro... 

Jairo: Caballo. 

Eva: Sí, caballo. Los troyanos pensaron que les habían dejado un caballo gigante de regalo. Y lo llevan adentro de sus murallas. Pero, dentro del caballo estaban escondidos unos cuantos soldados griegos... 

Jairo: Me llevaron a la plaza de un pueblo, este pueblo se llama Chalán, en Sucre. Me pusieron frente a la estación de policía, habían camuflado 60 kilos de dinamita en mi lomo. A las siete y media de la noche exploté. 

Eva: ¡Jairo! 

Jairo: ¡No me joda! Once personas murieron. Mucha gente herida. Mi sangre, mis huesos, mis tripas, los pedazos de mis entrañas se esparcieron por los techos de las casas que estaban frente a esa plaza. "Eso es que se están comiendo un pedazo del burro", decían cuando los chulos bajaban a alimentarse de lo que había sido mi cuerpo. 

Fértil miseria. 

 

Eva: No todos ustedes lo saben, pero estoy aquí para contárselo. Una guerra civil es cuando el perro de la muerte husmea frente a su casa, siempre latente. Una guerra civil es cuando los cuervos, y esto es literal, cebados de tanta víscera y tanto cadáver no se levantan del suelo, aunque uno los espante. Pero, y esto es importante, no es que haya sed de sangre, no es así, son solo circunstancias. Las circunstancias de un país en el que los ricos se chupan un mango, ¿así le dicen? y echan la pepa al suelo, y de esa pepa germina un nuevo árbol de mango. Y entonces, si las tierras de este país son así de fértiles, de dónde tanta pobreza. ¡Tierra! ¡Ti-e-rra! La respuesta está en la tierra, gente. Ustedes siempre han tenido el mismo problemita, un rico se chupó ese mango dulce con tanto agrado, echó la pepa al suelo, la pepa germinó y creció otro árbol de mango, pero ese árbol está cercado, con alambre de púas y nadie puede acercarse a bajar los mangos que cuelgan de esa nueva planta. 

¿Y cómo se siente una guerra civil? Alguno de ustedes no lo saben, pero estoy aquí para contárselo. Es como atravesar una gélida transparencia. Es como caminar entre gelatina que atraviesas con cada paso cuando caminas por las calles del pueblo. Avanzas mientras te halan hacia atrás, sientes que desconoces el barrio, que estás haciendo algo prohibido con solo caminar por ahí. Una guerra civil convierte el vecindario en el que naciste en una zona prohibida. Seguramente hoy llegarás a salvo, todos lo hacemos, la luna la estallan lejos, a 27 horas por carretera. Hoy cuando salgan de este teatro llegarán a casa y luego de quitarse las medias algunos harán arroz con huevo, se sentarán en la mesa y dejarán de sentir la guerra con cada bocado de arroz insípido. Algunos de ustedes le echarán salsa de tomate al arroz y ahí definitivamente dejarán de sentir la guerra. Pero, y esto es im-por-tan-te, sentirás la amenaza el día en el que se acaben los huevos y no puedas ir a comprar más. El día en que ya no haya huevos en la nevera, ahí si sentirás la guerra. Ahí sí te preocuparás. 

También han tenido otro problemita, pero este es un problema más... internacional. ¿Alguna vez han soñado con ser millonarios? ¿Alguna vez has soñado con ser millonario y llegar a cualquier lugar y poder comprar lo que se te antoje? Bueno hay algunas personas que saben que nunca serán millonarias, pero no dejan de anhelar ser quienes llegan a un lugar y son dueños de todo. Ahí su riqueza es la ceguera, no ven más allá del fuego, no ven el llanto, no ven el sufrimiento, ven la vida como algo misceláneo, se acercan, creen que les pertenece y la saquean. Tienen ganas, tienen sed, algunos crean tropas y otros son las tropas mismas, y las promesas de algún comandante o ministro son todo lo que necesitan para adueñarse de todo. No ven más allá de sus ganas, no ven a la niña, no ven la ternura, no ven más allá de sus vergas y las clavan. 

Canastas de cerveza, una hoguera en el medio de la calle, y al fuego todos los cadáveres. Huele a carne asada. Entre más cuerpos entierran y echan a la hoguera más se les despierta el hambre. Y más saquean, más penetran, más golpean, y más desean. ... Hubo un tiempo, la hegemonía del machete, silencioso y certero, cabezas como pelotas y más reses destazadas, más hogueras y vergas clavadas. Desean abundancia y riqueza pero ignoran que su mayor pobreza también es la ceguera, no necesitan ser millonarios para ser dueños de todo. La promesa de un ministro o un comandante es lo único que necesitan. En la hegemonía del machete era importante decapitar a las personas, no vaya a ser que venga Jesucristo por segunda vez, y los reviva, si Jesucristo va a levantar a estos hijueputas al menos que les falte la cabeza. En fin, estamos en medio de una guerra civil y a Jairo le tocó convertirse en soldado. 

!Jay!

 

Se escuchan disparos, es una zona de guerra, estallan los morteros y se desprenden los ligamentos de los huesos, metralla, bombas, todo es un entorno muy ruidoso.

 

Jairo: En el ejército siempre se está gritando, pero no es como cuando un karateka grita ¡Jay! El grito es potencia en el ataque ¡Jay! o la defensa, ¡Jaaay! Es también un efecto distractor en la mente del oponente. ¡Jay!... ¡Jaaaay!...

(Dejan de sonar todas las explosiones. Silencio, luego un único disparo, nuestro soldado cae abatido. Sonido del viento, luego entra Eva, se acerca al cadáver, lo mira). 

Eva: Cuando mueres, todos los fluidos que estaban dentro de tus células se empiezan filtrar y las bacterias comienzan a alimentarse inmediatamente, convirtiendo toda esa materia líquida en gases que provocan la particular hinchazón de los cuerpos recién fusilados en verano. Luego de eso, hay un proceso conocido como marmoleado, se llama así porque uno de los gases, el azufre, 

al unirse con las moléculas de hemoglobina en la sangre inflan todo por dentro y te vuelves de color naranja y amarillo. Y al mismo tiempo vienen las moscas. Vienen casi inmediatamente, y ponen huevos. Especialmente en los orificios, las cuencas de los ojos, la boca y las fosas nasales, y otros lugares. Las larvas se comerán todo, mientras se arrastran y cubren todo el cuerpo. Y luego, la tercera etapa, la purga, la última instancia, la hinchazón se alivia a medida que gran parte del gas y los fluidos acumulados por dentro de tu cuerpo empiezan a filtrarse, ahí es cuando ves este líquido oscuro acumularse alrededor de tu cuerpo. Y lo interesante, lo que pasa con ese líquido es que es muy rico en nutrientes. Tan rico en nitrógeno que todas las plantas que están alrededor se marchitan y se mueren, pero luego de un año, todo ese lugar será especialmente fértil. Es por eso que si quieres esconder un cadáver no debes hacerlo en un lugar sin vegetación, pues con el tiempo crecerá un árbol encima del cuerpo. 

Jairo: (Se huele el brazo.) Huele a carne podrida. 

Eva: Es lo que es. Sustancias orgánicas que se han echado a perder.

Jairo: Bien lo diría mi Teniente, que en batalla nunca moriría, no sería una bala lo que me mataría, y que algún día ardería. 

Eva: Pero él ignoraba algo. 

Jairo: Qué cosa. 

Eva: Que sería la ingenuidad lo que te mataría. (A la audiencia.) Los civiles ignoran la realidad, cuando un humano se muere, lo envían directamente a una funeraria y allí le inyectan formol y lo maquillan y lo visten con ropa limpia para que no parezca un cadáver. ¡Pero gente! ¡Que las moscas estén esperando pacientes por todos ustedes, ya debería ser suficiente motivo para que se amaran los unos a los otros! !Fuck! (Eva se acerca al cuerpo de Jairo.) ¡Despierte soldado! ¡Despierte! (Le da unas palmadas en la cara, el soldado no reacciona. Eva se levanta, toma su celular, envía un mensaje de texto luego de un sonido de notificación Jairo se levanta lentamente). 

Jairo: Estoy... en una trinchera, sí, ¡eso! y estoy observando a una mujer que camina hacia mí. Estoy... me mira, me hace señas, quiere que me la lleve a dar vueltas por la ciudad. Ella quiere que vayamos en moto, pero a mí las motos no me gustan, me azaran, el sonido de una moto en la noche siempre me ha aterrorizado. Salchipapa, a ella le encanta, con mostaza y huevos de codorniz. La llevo a mi restaurante favorito y le muestro como hacer pinchos de salchipapa. Luego caminamos por un parque, ella trae marihuana en una cajita de mentas. Estamos... no, ella se va, ella me deja. Ella me dice que me desconoce y se aleja.

 

¡No! Ingrid no me dejes, por favor ¡mírame! no queremos un final triste. ¡Mírame! Mido uno ochenta y tres y no le tengo miedo a las arañas, no me orino por fuera de la taza y me tomo el tiempo cuando hacemos el amor. Cocino, te lavo la ropa. Conmigo nunca tendrás que sacar la basura y las películas de disparos no me gustan, también me azaran. Y el fútbol me parece una estupidez. Yo lavo los platos ¿Viste como le hablé a mi mamá? No va a entrometerse. No tienes que llamarla si no quieres. Estoy aquí, mírame. 

Eva: ¡Despierte soldado! Ha sido solo el impacto, una pulgada más abajo y le dan entre las cejas. Todo lo que uno tiene que hacer para ganarse unas... (Con hastío le da un beso en la boca. Se limpia, Jairo resucita.) 

Jairo: ¿Soy invencible? 

Eva: No Jairo, ¿recuerda que le dije que confiara? de cualquier otro modo ya estaría muerto.

Jairo: Necesito entonces que siempre me acompañe. 

 

El Yupi 

Jairo: Estaba muy contento porque en el ejército me volví a encontrar con Yupi, un punkero que había sido mi amigo desde que éramos pelados, pero que con el tiempo se fue volviendo más podro. El parcero había tenido a la mamá en la cárcel y vivía con la abuela y otros medio hermanitos, todos de diferente papá. Una vez Yupi me mostró una cicatriz que tenía en la barriga, cuando se portaban mal, la abuela calentaba una cuchara en la estufa y con eso los quemaba. Cuando se cansaba de estar donde la abuela se iba pa donde un combo de punkeros más pódros, disque acampar, y por allá se quedaba varios días. Con el tiempo empecé a encontrarlo cada vez más seguido en la calle. Mamado de esa situación se le entregó al ejército. Que pa hacer algo con su vida. Lo de siempre, que con una libreta militar pues ya sería más fácil encontrar trabajo. Al poco tiempo de yo entrar el Yupi se nos suicidó. Estaba patrullando dentro de una torre de vigilancia, y con el fusil se disparó en el pecho. ¡Taz! Creímos que se nos había metido la guerrilla. Cuando yo lo veo todo ensangrentado... Velásquez, me duele la espalda, le doy la vuelta y... un hueco así de grande. El Yupi se me murió en los brazos. 

Yo me pregunto, ¿si a mí me hubiese tocado la vida del Yupi, yo hubiese sido igual que él? 

 

Monitos de circo 

Jairo con la cabeza vendada, sentado frente al Teniente. 

El Teniente: Lo mandé llamar porque... anoche me soñé con usted.

Jairo: ...

El Teniente: Me obsesiono soldado, pero no me malinterprete, si a uno el deber no lo obsesiona no se llega a ningún lado. Dese cuenta: usted no demuestra el coraje ni la inteligencia suficiente para ser miembro de este pelotón, eso creo que usted ya lo presiente. ¿Sabe? Veo en usted demasiado de algo que no logro identificar, se me presenta altivo y con buena actitud, lo sé. Ganas no le faltan, pero percibo algo que me resulta amenazante, es como si no pudiera confiar demasiado en usted. Cuánto tiempo lleva acá, ¿ocho meses? y aún sigue con la misma mirada. Es como si no creyera en lo que creemos nosotros, y eso soldado, es grave. ¡No me interrumpa soldado! Lo que quiero decirle es que me resulta... hipócrita. Veo sus náuseas, veo como siempre es el último en disparar, el último en atender las órdenes, y parece que los castigos no le afectan... Míreme, que sea nervioso e inseguro, incluso su inexistente talento no me genera problema, pero que sea tan aburrido me genera incomodidad, no puedo verlo por mucho tiempo y quiero fusilarlo. Velásquez por favor, ambos queremos que esto termine pronto, entiéndalo de una vez, usted va a arder. No sé cuándo ni cómo, pero aquí venimos a quemarnos. Una pulgada de diferencia y se la hubieran metido entre las cejas. Él único combate en el que ha estado y una bala le da en el casco. ¿Tiene pacto con el diablo o qué? Fíjese, hay dos caminos, buena o mala suerte, quién sabe, su silencio o el de ellos. (Señala la audiencia.) ¡Mírelos! (Le agarra por detrás la cabeza, le quita el vendaje y empieza a ahorcarlo.) ¡Pero mírelos bien! Escondidos en la penumbra, no me diga que le gustaría estar allá. Sentados cómodamente en su ilusoria estabilidad. No me diga que no le gustaría refugiarse con ellos. Respetados, respetadas… gracias por haber venido. Que ustedes estén aquí es el resultado de que en el pasado ningún otro soldado... eso rimó... los haya defraudado o les haya hecho sentir que desperdiciaron su tiempo y dinero. Sé muy bien lo que se siente. Y para aquellos que están aquí por primera vez y no saben en qué se han metido, no se preocupen, ya lo descubrirán. (Suelta a Jairo, Jairo cae al suelo, lucha por recuperar el aliento.) ¿Alcanza a identificarlos? ¡Mírelos! (Jairo mira a la audiencia.) ¿Alcanza a distinguir quiénes están esperando a que usted se distraiga y falle? Dígales algo. Sí, puede que tengan un acento diferente, a veces un idioma diferente, no sabemos lo que comen, no sabemos si creen o no en dios, no sabemos por quién han votado ni a quiénes han traicionado, no sabemos si tienen sueños, si les cascan a sus esposas, no sabemos nada de ellos. Y entonces, ¿por qué les mendiga atención? A ver, dígales algo. ¿No? Ay monito hipócrita, ¡entonces entreténgalos! Uno... (Jairo cierra los ojos.) ¡dos! (Jairo se acuclilla con dificultad.) Tres! (Jairo empieza a rebotar como si fuera una pelota de baloncesto y El Teniente lo hace rebotar en el mismo lugar.) ¡Tres! ¡Rollitos! (Jairo hace rollitos con el cuerpo.) Bailecito... (Jairo hace un bailecito.) ¡Sapitos! (Jairo hace sapitos.) ¡A paso vivo a paso vivo! ¡Uno, dos! tres! cuatro! cinco! seis!... (Las acciones deben llevar al actuante a sus propios límites físicos.) ¿Ve a lo que me refiero? Y así como vinieron a esta guerra pueden no volver a hacerlo, se hubiesen podido quedarse en casa viendo Netflix, pero decidieron venir acá, y usted soldado es tan putamente aburrido que los pierde para siempre y a sus futuras guerras nadie vendrá. ¿Qué hará si nadie viene a verlo? Me lo suponía. Mírelos, le están entregándole algo muy valioso. ¡Tienen mil y un razones para no haber venido a esta guerra, pero han venido y usted sigue siendo tan aburrido! Velásquez, la solemnidad con la que mira hacia adelante no sirve para ni mierda. Los pierde, se le van, qué va a hacer, qué más está dispuesto a hacer el monito de circo?

 

Gracias a mí

 

Un campamento en la selva, nuestro soldado lleva una botella de aguardiente.

 

Jairo:De eso se habló en todo el batallón. Capitán Cascote empezaron a decirme. (Toma el casco en una mano, lo alza con el brazo extendido.) A veces, por la noche me pongo a mirar el hueco en el casco, mero hueco, el totazo que yo sentí... yo no me morí fue por obra y gracia del espíritu santo. Diosito. Él me tiene algo reservado, al que le van a dar la guardan y a mí, al Capitán Cascote le tienen guardado una recompensa muy grande. Algo... ¿Qué será? porque acá metido, encerrado, todos los días lo mismo... qué cosa va a ser. Ya miedo no siento, ¡resignación! Un poquito de resignación. (Deja el casco en el suelo, levanta la botella.) Quiero esta noche agradecerles por toda la atención prestada, para mi es un gusto estar aquí, quiero darle a las gracias a... sin ellos esto no sería posible... ¡Pura mierda! Quiero darme las gracias a mí mismo. Sí, a mí mismo. Por siempre haber sido yo quien nunca dejó de insistir. Quiero agradecerme a mí mismo por siempre haber desconfiado de mí. Lo justo y necesario para no ser como el resto, tan seguros y confiados que igual les llenaron la boca de moscas. Casi no llego, es más, creo que ni he llegado. Casi me hacen un roto en la frente, aquí. Pero quiero agradecerme a mí mismo y a la vida por este momento que... Ay dios... Estoy... Yo no fui a la universidad, y me lo agradezco. Bruuuuuuto, y maaaalo! y buuurrro! No, burro no. O bueno sí. Burro. Pobrecito el burrito. También quiero agradecerme a mí mismo por no creerle ni chimba a lo que mi abuelita me decía. Estabas muy mal abuelita. Deja caer un chorro de aguardiente en el suelo. Menos mal te moriste y dejaste en paz al pobre Alirio. Yo creo que todos en la familia descansaron cuando esa cucha se murió. "El consuelo que nos queda es el reencuentro en los cielos con Dios". El día del velorio hablaban del reencuentro. Pa que putas me iba yo querer reencontrar con mi abuelita. "Jairo deje tanta salidera a la calle, Jairo cuándo se va a poner a estudiar, Jairo..." chúpelo vieja hijueputa. Cuando a mi papá lo mataron mi abuelita me dijo que Dios se había acordado de él. Mejor que ni se hubiera acordado, y me dijo que lo bueno es que me quedaba la esperanza del reencuentro. ¡ah! ¡el reencuentro! (Señalando a la audiencia.) A todos, van a venirnos a levantar, vivos o muertos. ¡A todos! Resucitarnos pa luego juzgarnos. Pa esa gracia que nos dejen quietos... 

Una cena elegante

Jairo: Últimamente he tenido un sueño más raro. Me sueño que estoy parado sobre un escenario, y no logro ver a nadie en el público, pero escucho los aplausos, siento como se levantan de sus butacas y me aplauden, no sé qué acabo de representar pero les ha gustado y me felicitan por eso. Me invitan a una cena muy elegante, y en medio de la mesa hay panes y quesos muy finos, champaña y estoy sentado con gente muy talentosa, gente que ha ganado premios... con intelectuales. Pero la gente así no me gusta, los intelectuales no me gustan, pero sí la champaña y los quesos finos. Como no me rio de los chistes que hacen los intelectuales pues empiezan a mirarme rayado. Pero entre las risas y el aliento de las chicas bonitas, algo empieza a crecerme dentro del pantalón, empieza a tallarme, es mi Beretta 92, la desenfundo y empiezo a dispararle a los intelectuales, ¡Taz! ¡Taz! ¡Taz! Tratan de salir corriendo pero mi certera puntería los alcanza, y caen, caen con sus ideas y sus demostraciones. Se ríen por ahí, es mi Teniente, pero lo dejo quieto, le digo que se valla y me hace caso. Miro a mi alrededor, uff, que bueno que lo hiciste, me dicen las muchachas, esta fiesta se estaba volviendo tan aburrida. Colocamos música y empezamos a bailar. Estamos sobre un escenario, delante de la gente, recibiendo su atención, pero cuando dejamos de bailar nadie aplaude. Y solo veo ojos blancos, así sin color ni pupila. Mis balas habían hecho más efecto del que yo había creído, todo estaba lleno ojos blancos, cada vez y más ojos abiertos sin vida. 

 

Besar un póster

En el batallón, nuestro soldado está frente al poster de una chica en bikini.

 

Jairo: Cuánto me gustaría irme a dormir a la cama contigo. Aunque no sé si esa cama sigue existiendo, ni siquiera sé si tú sigues existiendo. ¿Me volteas la cara? Está bien, pero al menos hazme piojitos. No me mires así. Lo que yo te conté fue un sueño mi amor. Eran solo imaginaciones mías. Y lo que leíste fue una carta que me escribí a mí mismo. No es real. Solo tú eres de verdad mi amor. Además tu nunca me has escrito una carta, me toca escribírmelas a mí mismo. Un perro bravo, un perro feo, a veces quisiera estar en el cuerpo de un ros guailer. Así nadie se burlaría de mí, así tal vez tú me tendrías miedo y no me estarías diciendo todo eso. No mi amor, nada. Con ella solo hablamos. Me imaginé que es un ángel caído y me viene a salvar de algo. ... Voy a quemar todo mi amor, estoy hecho para cosas más grandes. Es solo una amiga imaginaria. 

De regreso a casa

Suenan disparos, gente gritando. Jairo y Eva atrincherados.

Jairo: A veces siento que tengo un enano dentro del pecho. 

Eva: ¡No me venga con eso ahora! 

Jairo: ¡Escúcheme! En las tripas tengo un enano. Siempre lo he tenido pero se despertó el día en el que la conocí. Cada vez me grita más fuerte y siempre me está arañando el estómago por dentro y no me deja en paz. Todos los días me rasga, me patea las tripas. 

Eva: De qué habla Jairo. 

Jairo: Este enano me pregunta todos los días qué cuál es mi designio en este mundo.

Eva: ¿Así, con esa palabra? 

Jairo: No puedo hacer que se calle. 

Eva: ¡Ya, pero primero salgamos de esta Jairo! 

Jairo: No, sí entendí. Su tarea está hecha. 

Eva: No, no está hecha todavía. ¡Cuidado!  (A la audiencia.) Jairo se sentía especialmente valiente. Vació el proveedor y ya no le importó. (A Jairo.) Hijo de puta Jairo, qué hizo.

 

Oscuridad. Sonido de llamada entrante, sonido de Eva contestando el teléfono. Voz de Eva: ¿Herido? Más que eso. Está sangrando a mares. ¿Aún no lo tienen? Ok, déjenme procesarlo y ajustar el designio. De acuerdo. Está bien. Así lo haré. 

El infinito

 

Jairo: ¿Qué? ¿qué pasó? ¿Dónde estoy? 

Eva: Moriste Jairo. Finalmente te moriste. 

Jairo: Había muchos gritos, una ráfaga. 

Eva: Si. 

Jairo: Era un fuego, pequeñísimo, me quemaba por dentro, había mucha sangre, casi azul. ¡Había unos niños!   

Eva: Por eso no pude desviar la bala, no tengo jurisdicción cuando se trata de infancias.

Jairo: Me morí. 

Eva: Sí. Pero no te sientas mal. Todos mueren. 

Jairo: Mirando a su alrededor. ¿Qué es este lugar? ¿Es el más allá? 

Eva: Más o menos. 

Jairo: ¿Eres Dios? 

Eva: No. Soy Eva. 

Jairo: Ay, ¡mi mamá, Ingrid! ¿Qué pasará con ellas! 

Eva: Estarán bien, acabas de morirte y tu principal preocupación es tu mamá y tu exnovia. Eso habla bien de ti. No te preocupes, tu mamá te recordará toda su vida. Llorará por fuera, pero se sentirá de alguna manera aliviada, sabía que tendrías una vida muy dura, e injusta. Ingrid ya te olvidó. Rehízo su vida, está mejor sin ti. 

Jairo: ... 

Eva: No vale la pena matizar. 

Jairo: ¿Y ahora? ¿Qué pasa ahora? ¿Me voy al cielo, al infierno... o ¿Qué es lo que hay?

Eva: Nada, todo se apaga mientras tu cuerpo se enfría. Caminemos un poco. 

Jairo: ¿A dónde me llevas? 

Eva: A ningún lugar en particular. La primera vez no tuvimos mucho tiempo de hablar y estabas insoportable. ¿No te sientes más ligero ahora?  

Jairo: Sí, que raro... (Empieza a reirse)

Eva: ¿Qué es tan gracioso? 

Jairo: Usted pidiendo brócoli. 

Eva: Te lo dije, necesitaba fibra. 

Jairo: ¿Quien eres?

Eva: Soy tú, en un estado más avanzado, soy lo que necesitas, pero que aún no has conseguido.

Jairo: Y lo conseguiré algún día?

Eva: Sólo si reencarnaras.

Jairo: Voy a reencarnar?

Eva: Ya lo verás.

Jairo: (Pensativo) Eso de allá, ¿es la luna? 

Eva: Hmmm, no, es otra cosa. 

Jairo: ¿Qué es? 

Eva: Algo más. 

Jairo: ¿Qué cosa?

Eva: No puedo decírtelo.

Jairo: ¿Por qué? 

Eva: Hay una regla. 

Jairo: ¿Cuál? 

Eva: Sólo se te concede lo que realmente necesitas.

Jairo: Necesito saber lo que es eso.

Eva: Buen intento.  

Jairo: Entonces qué es lo que necesito. 

Eva: ¿Aún no lo sabes?  

Jairo: ... 

Eva: Por eso estás aquí. 

Jairo: ¿Y ya, eso es todo? ¿Tanto sufrimiento para esto?  

Eva: Lo siento mucho. 

Jairo: ¿Por qué yo? 

Eva: No te creas especial. A todas las personas les pasa, todo el tiempo, todos los días, a cada minuto, a cada segundo, a cada instante ocurre un milagro, pero no todas las personas pueden verlo, en algún momento se distraen. 

Jairo: Pero yo estaba entendiendo, ya empezaba a darme cuenta. 

Eva: Sí, y reaccionaste. La vida y la muerte es la manera en la que todo se equilibra. Que nazcas es tan necesario como el momento en el que mueres. (Mirando su teléfono.) Listo. Ya han terminado contigo. Adiós Jairo.

Jairo: No espera, necesito... se me olvidó que necesitaba. 

Eva: Es normal.

Jairo: ¿Eva?  

Eva: ¿¿Qué?

Jairo  Puedes al menos por última vez hacerme piojitos?

Eva: Qué es eso? 

Jairo: Es cuando le rascas... olvídalo, no importa.  

Eva: Estás entendiendo. 

Jairo: Eso creo.

Epílogo

 

 

Sentados en lo alto de una montaña, es de noche, abajo se ven manchas negras y filas intermitentes de lucecitas. Se ven fuegos artificiales y las luces de las casas. Se oyen perros ladrar. 

Jairo: ¿Severa vista no? 

Eva: Sí, muy bella. ¿Qué celebran? 

Jairo: Cómo así, ¿es que usted no sabe? ¡hoy es navidad! ...
Eva: ...

Jairo: Usted si es muy rara.

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Sobre la música de la obra: ​​

 

Los artistas que decidan asumir la creación de esta obra deberán acudir a los punkeros locales de su ciudad, y de esa manera obtener un consentimiento escrito para usar sus canciones. O, la música puede ser hecha por los actuantes, siempre que sean canciones de punk. No es una excusa no saber tocar un instrumento, ni mucho menos la falta de uno, esa es una de las esencias del punk latinoamericano:“hazlo tú mismo”. 

Agradecimientos:

A Yessica, por haber intercambiando su tiempo, energía y salud trabajando en un restaurante, mientras yo pude dedicarme a escribir. Su generosidad ha liberado mis días y pensamientos para la redacción de esta historia. Nos encontramos en un sistema de desigualdad estructural, ella lo asume con amor ejemplar. Le agradezco infinitamente, también por sus correcciones y sugerencias.

Llegaste hasta el final?
Déjame saber tu opinión.

Quien esté ahí ya es sobreviviente.

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